Viva La Vida
Un matrimonio pactado a cambio de un riñón y cuidados lleva a dos jóvenes gravemente enfermos de desear la muerte del otro a querer vivir juntos.
Título
Viva La Vida
Año / Duración
2024 · 129 minutos
Género
Drama / Romance / Familia
Dirección
Yan Han
Guion
Yan Han, Liangwen Li
Calificación
Reparto
Yuchang Peng (como Lü Tu), Gengxi Li (como Ling Min), Fan Xu (como Tao Yi), Yalin Gao (como el padre de Ling Min), Dan Liu (como la madre de Ling Min), Xun Wang (como Zhao Dahu), Yiren Song (como Jiahui), Xun Liu (como Qian Liang), Le Yang (como el médico de trasplantes), Jianyi Li (como Jiang Huaishan)
Obra original
El reportaje periodístico «Zuì gōnglì de hūnyīn jiāoyì, zuì dòngqíng de yǒnghéng yuēdìng» (El trato matrimonial más pragmático, la promesa eterna más conmovedora)
Premios
37.ª edición de los Premios Golden Rooster del Cine Chino: mejor guion y mejor actriz; 19.ª edición del Festival de Cine de Changchun: Premios Ciervo de Oro a mejor actor y mejor actriz
La vida de Ling Min se reduce a una serie de cifras: tres sesiones de diálisis por semana, y cada día pesarse, medirse la presión arterial y anotar el volumen de orina; hasta el agua y la comida que ingiere deben calcularse con precisión. Padece insuficiencia renal terminal, y la fístula arteriovenosa de su brazo es el conducto que la mantiene con vida; su única esperanza de dejar la máquina de diálisis es que aparezca un riñón compatible.
La vida de Lü Tu parece justamente lo contrario. Es hablador, desaliñado, cree en los extraterrestres y en pájaros de inteligencia artificial, como un «niño grande» que se niega a madurar. Pero su ligereza es solo una máscara: un glioblastoma lo obligó antes a una craneotomía y ahora la enfermedad ha vuelto a aparecer; no quiere volver a pasar por la cirugía, la UCI y el largo miedo a una nueva recaída.
Viva La Vida parte de un trato de lo más indecoroso: una persona espera un riñón, la otra espera la muerte. Al final, la película no cura a nadie con un milagro, sino que hace que dos personas asustadas aprendan a cambiar «vivir en tu lugar» por «vivir contigo».
Una vida tomada por las cifras
Ling Min vive en un viejo departamento alquilado en Changsha. Escribe artículos para la cuenta oficial de una agencia de viajes y graba videos de reseñas de locales; con eso apenas cubre la diálisis y los gastos básicos. Sus padres vienen desde su pueblo natal para cuidarla, pero en casa hay un anciano herido que los necesita de vuelta. Su exnovio, Qian Liang, le había prometido casarse cuando Messi anotara su gol número setecientos, pero desapareció sin decir nada cuando ella enfermó. Ahora tiene que contenerse hasta para beber un trago de agua; cuando le da sed, solo puede chupar un limón para estimular la saliva.
El dueño decide vender el departamento de repente, y la inmobiliaria le pide que esconda los medicamentos cuando lleve gente a verlo; mientras ensaya para la boda de su amiga Jiahui, descubre que los panecillos al vapor que su madre preparó especialmente quedaron olvidados en un rincón. Un corte de luz, la estufa de gas averiada, indicaciones médicas que no encuentra y la inminente pérdida de su vivienda se le juntan el mismo día. Cuando Ling Min llega a casa, todo ese cúmulo de pequeñeces termina por vencerla.

Ella suele merodear en silencio por un grupo de pacientes con cáncer. Esa noche, con el rostro cubierto, graba un video en el que busca pareja: está dispuesta a casarse con un paciente de su mismo tipo de sangre y con poco tiempo de vida, acompañarlo hasta el final y cuidar de su familia; a cambio, él le donaría el riñón al morir. Menos de un minuto después de publicarlo, le parece absurdo e inmoral, y lo retira de inmediato.
Pero alguien ya lo había descargado.
«El chico con chispa» y «Aoligei»
Lü Tu fija el primer encuentro a las 12:46, con «el chico con chispa» y «Aoligei» como señas de reconocimiento. Le dice a Ling Min, muy en serio, que su tumor cerebral no tiene cura y que no piensa someterse a otro tratamiento; si se casan, al morir él le dejaría el riñón, y ella, a cambio, cuidaría de su madre, Tao Yi, que vive sola.
Ling Min solo quiere aclarar que el video ya no vale, pero Lü Tu convierte el encuentro en una evaluación. La sigue para observar sus horarios, su carácter y su forma de ser, e incluso dibuja una tabla de puntuación con total seriedad. Ling Min, harta de que la persiga, llega a pedir ayuda en un puesto callejero de asesoría legal. A los dos los llevan a la comisaría, donde la policía deja claro que ese tipo de pacto de donación a cambio de algo no tiene validez, y que la donación en vida entre cónyuges también tiene restricciones estrictas.
Al irse, Lü Tu olvida su historial médico. Así es como Ling Min descubre, por primera vez, que este hombre de energía desbordante sí se sometió a una craneotomía, y que su tumor cerebral podría reaparecer en cualquier momento.

La boda de Jiahui
Ling Min asiste a la boda de Jiahui como dama de honor, sin imaginar que Lü Tu es justo el camarógrafo de la empresa de organización de bodas. Durante uno de los juegos, un padrino se pasa de la raya con Ling Min con la excusa del ambiente festivo, y Lü Tu se abalanza para detenerlo; el lugar se convierte enseguida en un caos.

Mientras revisan las cámaras de seguridad en la comisaría, Lü Tu, desesperado por demostrar que Ling Min le pidió ayuda a él, le agarra el brazo izquierdo. Eso le obstruye la fístula de ese brazo: para una paciente de hemodiálisis, no es un simple tirón muscular, sino que una «línea de vida» deja de funcionar de golpe.
Ling Min necesita una nueva fístula, y mientras el acceso madura tiene que seguir dializándose con un catéter temporal insertado en el cuello. Y justo ese día le toca mudarse. Lü Tu, cargando con la culpa, le hace toda la mudanza y se queda después para cuidarla, ya que apenas puede moverse tras la operación. Aprende a cocinar comidas que respeten sus restricciones de diálisis, le ayuda a anotar sus indicadores y hasta le pide a su madre que vaya a bañar a Ling Min, que no puede ducharse sola.

Lü Tu, que antes solo sabía causar problemas, se convierte por primera vez en alguien con quien Ling Min puede contar cuando sus padres no están. Y él ya no busca solo a una desconocida que en el futuro cuide de su madre: la tenacidad de Ling Min, su forma de tomarse todo en serio y su negativa a dejar que la vida se aproveche de ella hacen que empiece a preocuparse de verdad por la persona que tiene delante.
La señal extraterrestre en la azotea
Lü Tu está convencido de que los extraterrestres le responderán. Arma un receptor de señales con piezas sueltas y lo sube a la azotea, mientras deja a Ling Min adentro escuchando por un altavoz. Hablando por radio de piso a piso, terminan diciéndose cosas que no se atreverían a decir cara a cara.

Lü Tu le dice que en realidad ella le parece muy buena persona, y Ling Min responde a propósito que la señal es mala y no lo escuchó bien. Uno espera en la azotea el eco de otro planeta; la otra espera abajo la llamada de un riñón. Lo que ambos esperan es casi imposible, pero empiezan a convertirse el uno en la respuesta que el otro sí puede oír.
Un riñón que llega y desaparece
Tao Yi invita a Ling Min a comer en su casa. Ling Min cuenta por qué se quedó en Changsha: aquí las condiciones médicas y las oportunidades de trasplante son mejores, y también puede mantenerse con su trabajo de contenidos digitales para la agencia de viajes. En plena comida, el hospital avisa de pronto que hay un riñón compatible. Ella y Lü Tu corren bajo la lluvia hasta el servicio de trasplantes, terminan los preparativos, pero les informan que la familia del donante cambió de decisión a último momento y ya no donará los dos riñones.
La esperanza llega demasiado rápido y se esfuma justo frente a la puerta del quirófano. A su lado, otro paciente que también espera un trasplante se derrumba en el suelo, pero Ling Min, como si ya lo tuviera ensayado, guarda sus emociones y sigue adelante hacia la próxima diálisis.

En el camino de regreso en autobús, Lü Tu explica esa frase agramatical que da nombre a la película en chino, 摇太阳 (algo así como «sacudir al sol»): el sol también se cansa, también dormita; cuando el cielo está nublado no hay que desanimarse, porque basta con no perder las ganas para conseguir despertarlo. Le propone matrimonio de nuevo y le dice que, si le deja el riñón a Ling Min, será como si nunca se hubiera ido del todo.
Esta vez, Ling Min acepta. Pero lo que después terminaría queriendo de verdad no es vivir en lugar de Lü Tu.
La primera boda
El 26 de abril, los dos se casan en secreto, sin que sus padres lo sepan. Sin anillos, sin vestido de novia ni invitados: afuera de la oficina del registro civil se topan con un grupo de turistas y terminan improvisando con ellos un juego de boda. Qian Liang reaparece en ese momento para pedirle que vuelvan, pero Ling Min ni se voltea; ya tiene claro quién la acompaña de verdad en los días más humillantes de su enfermedad.

Ling Min vuelve por un breve momento a ejercer de guía turística, y pasea por Changsha a Tao Yi y a sus viejas amigas. Lü Tu se une al grupo para cantar, bailar y disfrutar del ambiente festivo, y ese matrimonio pensado en un principio para intercambiar un órgano toma, por primera vez, la forma de una vida de recién casados como cualquier otra.


La recaída que le ocultaron
Durante una comida familiar, Lü Tu vomita de golpe y con violencia. Ling Min recuerda el historial médico que él dejó olvidado y busca al médico que lo trató en su momento, Jiang Huaishan, y así descubre que Lü Tu no está en absoluto sin posibilidades de tratamiento: aunque su caso es grave, debería operarse cuanto antes. Eso de que «total, se va a morir» es a la vez la razón que Lü Tu le dio para el trato y la excusa con la que evita una segunda craneotomía.

Furiosa, Ling Min le da a elegir entre dos opciones: someterse al tratamiento o divorciarse. Justo entonces sus padres regresan de su pueblo natal y descubren que se habían casado en secreto. Al oír que Lü Tu está dispuesto a dejarle el riñón a su hija, el padre de Ling Min ve, por instinto, una esperanza de salvarla, pero también sabe que no puede aceptar la muerte de otro hijo como respuesta. Los padres de ambas familias enfrentan el mismo dilema cruel: todos quieren salvar a su propio hijo, y ninguno puede exigirle al otro que renuncie al suyo.
Lü Tu se aferra a no tratarse, y Ling Min tampoco está dispuesta a aceptar un riñón que dependa de que él renuncie a vivir. Los dos se separan por un tiempo. En su teléfono, ella recibe fragmentos de su vida que Lü Tu grabó a escondidas, y así descubre que él ha guardado con cuidado sus silencios, sus sonrisas y hasta sus momentos más torpes. Le pone una última condición: o se ven todos los días y enfrentan juntos el tratamiento, o al día siguiente van a divorciarse.
«Quiero vivir contigo»
El día del divorcio, Lü Tu no aparece. Se desmaya en la calle y lo llevan al hospital. Cuando Ling Min llega, escucha la discusión entre él y Tao Yi: Lü Tu tiene miedo de volver a entrar a un quirófano, miedo de perder la noción del día y la noche en la UCI, y más miedo aún de gastar todo el dinero de su madre y que, aun así, la enfermedad regrese; pero también le deja bien claro a su madre que su decisión de no tratarse no es culpa de Ling Min.
Tao Yi busca a Ling Min y le pide que convenza a Lü Tu de operarse. Aunque conoce los términos de ese matrimonio, está dispuesta a respetar la futura decisión de su hijo de donar el riñón; pero, mientras quede la más mínima posibilidad, no piensa renunciar primero a la vida de su hijo. Los padres de Ling Min, por su parte, también están dispuestos a vender su casa en el pueblo para pagar el tratamiento de Lü Tu. Llegados a este punto, las dos familias dejan de estar en extremos opuestos del trato y empiezan a desear juntas que ambos jóvenes sobrevivan.
En la segunda conversación en la azotea, Ling Min saca el «pacto» que Lü Tu firmó alguna vez con su huella dactilar: la promesa de hacer por ella algo que no fuera ilegal. Lo que ella quiere no es su riñón, sino que él entre al quirófano.

Ling Min grita el «Aoligei» que Lü Tu solía usar para animarla, y le dice: no quiere vivir en su lugar, quiere vivir con él. Los dos se quedan en la azotea hasta el amanecer, esperando la salida del sol que les dé ánimo antes de la operación del día siguiente. El cielo sigue gris, y Lü Tu dice que el sol se ha vuelto a quedar dormido. Ling Min le responde que no importa: entre los dos van a sacudirlo para despertarlo.

La operación y la segunda boda
Ling Min le afeita la cabeza a Lü Tu con sus propias manos. El hombre que más temía volver al quirófano entra, por fin, no porque dé por segura su muerte, sino porque quiere seguir viviendo.

La espera después de la operación no se filma como un milagro fácil. Lü Tu tarda mucho en despertar, y Tao Yi y Ling Min montan guardia junto a la cama, sin que nadie sepa qué secuelas dejará el tratamiento ni si el tumor volverá a aparecer más adelante.

Lü Tu finalmente despierta. Los dos celebran una boda formal, y convierten aquella algarabía prestada de afuera del registro civil en una promesa que sus familias presencian juntas.
Pero la película no dice que a partir de ahí recuperen la salud. Tras la operación, Lü Tu sigue expuesto al riesgo de que el tumor reaparezca; Ling Min no consigue el riñón trasplantado y debe seguir con la diálisis regular, a la espera del próximo aviso. La boda no es el final feliz en el que «el amor vence a la enfermedad», sino apenas el punto de partida desde el que deciden enfrentar juntos un futuro incierto.
El final

Al principio, Ling Min plantea el matrimonio como un contrato frío: solo si esa persona muere ella tendrá la oportunidad de seguir viviendo. Lü Tu, por su parte, organiza su propia muerte como su último acto de responsabilidad: dejar un órgano a cambio de alguien que acompañe a su madre. Los dos intentan convertirse en la solución del otro, pero al convivir de verdad descubren que el amor no consiste en entregarle la propia vida a alguien más.
Lo más certero de la película es justamente que no hace aparecer el riñón a tiempo ni promete que el tumor jamás vaya a reaparecer. La diálisis, los controles médicos, los gastos, el cansancio de los padres y el riesgo de la cirugía siguen ahí. Lo que cambia es la manera en que ellos enfrentan todo eso: Ling Min ya no se limita a esperar la máquina y el teléfono, y Lü Tu ya no disfraza de desapego su resignación.
«Sacudir al sol» no significa creer que la voluntad pueda curar una enfermedad, sino seguir dispuesto, incluso en un día nublado, a despertar a la persona que tienes al lado, y a dejar que ella también te despierte a ti. El sol no deja de ponerse solo porque dos personas se amen; lo único que se prometen es que, la próxima vez que se quede dormido, lo despertarán juntos, sacudiéndolo entre los dos.