Asesinato en la 3ª planta
Una ventana al patio interior arrastra a un matrimonio agotado hasta un crimen real: recorrido completo por la discusión en el teatro, la sospecha de la falsa esposa, el allanamiento en busca de pruebas y el duelo sobre el escenario de Asesinato en la 3ª planta
Título
Asesinato en la 3ª planta
Le crime du 3e étage
Año / Duración
2026 · 104 minutos
Género
Comedia / Crimen
Dirección
Rémi Bezançon
Guion
Rémi Bezançon
Calificación
Reparto
Gilles Lellouche (como François Tarnowski), Laetitia Casta (como Colette Courreau), Guillaume Gallienne (como Yann Kerbec), Isabel Aimé González-Sola (como Emma), Jenna Knafo (como Nathalie Kerbec), Katayoon Latif (como Ida)
Asesinato en la 3ª planta es una comedia criminal francesa escrita y dirigida por Rémi Bezançon, protagonizada por Gilles Lellouche, Laetitia Casta y Guillaume Gallienne. La película se estrenó en febrero de 2026 en el Festival Internacional de Cine de Róterdam y llegó a los cines franceses el 11 de marzo de ese mismo año, con una duración de 104 minutos.
Hasta el 29 de agosto de 2026, la película tiene una calificación de 6.3 en IMDb, con 719 votos. La historia parte de una observación a través de la ventana al estilo de La ventana indiscreta y reúne en un mismo caso de vecinos la relación de pareja, la novela policiaca y la representación teatral. A continuación se repasa la trama completa y el final siguiendo el orden en que la película los desarrolla.
El mundo de la novela y un matrimonio sin comunicación
La película entra primero en la novela policiaca decimonónica que escribe François Tarnowski. El detective ficticio Guillaume Marchenville destapa ante un grupo de invitados un caso de setas venenosas y enseguida desenvaina la espada junto a su compañera Rebecca. La cámara sale de ese mundo y François sigue sentado en pijama en su departamento de París, escribiendo la decimotercera entrega de la serie. Casi no sale de casa, lleva medio año durmiendo en el sofá de la sala y apenas tiene momentos de intimidad con su esposa, Colette.
Ida, la conserje del edificio, le entrega una entrada de teatro. Yann Kerbec, el vecino que acaba de mudarse al otro lado del patio interior, es actor e invita a todos los residentes del edificio a ver el Hamlet que protagoniza. François no quiere alejarse de su escritorio, pero Colette lo convence de salir con ella.

Colette da clases de cine en la Sorbona y está especializada en Alfred Hitchcock. Cuando analiza La ventana indiscreta ante sus alumnos, une la investigación de Jeff y Lisa con la reparación de la relación entre ambos: al arriesgarse a entrar en el departamento del sospechoso, Lisa no solo hace avanzar el caso, sino que también logra que Jeff vuelva a mirarla.

La larguísima noche de Hamlet
El Hamlet de Yann dura tres horas y cuarenta y cinco minutos. François empieza a removerse en la butaca al poco de comenzar la función e incluso comenta con los vecinos Sam y Sophie la posibilidad de irse en el intermedio. Colette insiste en quedarse hasta el final y pide que, al terminar, vayan a saludar al nuevo vecino en los camerinos.
Cerca de los camerinos, el matrimonio ve primero a Yann discutir acaloradamente con su esposa, Nathalie. Ella es sorda y ambos se comunican en lengua de señas; además, es la dueña de ese teatro privado y ha invertido mucho dinero en el espectáculo de su marido. Yann atiende después a los dos vecinos en el bar del teatro. Habla de las dificultades de la función y, medio en broma, exige que quien no haya disfrutado de la obra guarde silencio para siempre.

Ya en casa, Colette sigue mirando hacia el otro lado desde su propia ventana. Ve a Yann y a Nathalie discutir de nuevo, ve a Yann levantar una pesada figura con forma de gato y, acto seguido, las cortinas se cierran. Ella está convencida de haber presenciado una agresión, pero François considera que ni la distancia, ni la luz, ni el antecedente de aquella vez en que ella se equivocó con una bomba en un tren bastan para llamar a la policía.

La mujer rubia que reaparece
Al día siguiente, Yann asegura que ya ha calmado a su esposa con un desayuno. Poco después, una mujer rubia con el aspecto de Nathalie vuelve a aparecer en la ventana, y François da por cerrado el caso. Colette, en cambio, nota que los gestos y la lengua de señas de esa mujer no son naturales y empieza a sospechar que se trata de otra persona que se hace pasar por Nathalie con una peluca rubia.
El matrimonio invita a Yann y a esa mujer a tomar una copa en su casa. Colette hace que François se ponga unos lentes con cámara para registrar la lengua de señas y los detalles de la invitada. Yann acude solo, alega que su esposa no se siente bien y, durante la conversación, mira a Colette una y otra vez. Cuando él se va, François y Colette siguen revisando la grabación y las pistas de la lengua de señas.
Los dos le muestran las imágenes grabadas a Jean-Denis, el primo sordo de Colette. Jean-Denis opina que la mujer de la grabación maneja la lengua de señas con torpeza, no como alguien que la usa desde la infancia. Colette encuentra además el rastro de la peluca que compró Yann y reconoce que la impostora es muy probablemente Emma, la empleada del bar del teatro.

François y Colette siguen ordenando las dudas del caso en el restaurante chino al que suelen ir. Colette llama «MacGuffin» —todavía por encontrar— a la premisa clave del caso: si Yann de verdad mató a su esposa y organizó una suplantación, tiene que existir un objetivo que justifique semejante riesgo. Los dos averiguan que Nathalie heredó el teatro de sus padres fallecidos, y así entra en la investigación una pista patrimonial que va más allá de la relación matrimonial.

La oficina del teatro y el trato de veinte millones
Cuando van a ver Hamlet por segunda vez, François elogia afuera ante Yann lo que le ha parecido esta segunda función y lo entretiene con la excusa de buscar el baño. Colette aprovecha para entrar en la oficina de Nathalie, donde encuentra documentos del teatro y hojas con la firma de Nathalie imitada una y otra vez; después se reúne con François.
A continuación, los dos siguen a Yann y a un desconocido hasta un restaurante. Para acercarse a su objetivo, convencen al mesero de cambiarlos de mesa y confirman por internet que el desconocido es el desarrollador inmobiliario Dimitri Constantinos. El contacto de Yann con el desarrollador vuelve concreta la hipótesis de que el teatro podría venderse.

Mientras vigilan a Yann y al desarrollador en el restaurante, François le dice a Colette que está hermosa; después de brindar, ambos continúan observando a su objetivo. De vuelta en casa, siguen ordenando juntos las pistas y deciden entrar en el departamento de Yann para buscar pruebas materiales.
La sangre en el departamento de enfrente
Colette sigue empeñada en conseguir una prueba material que pueda entregarle a la policía. Los dos se las arreglan para entrar en el departamento de Yann: François registra el lugar con una lámpara forense multibanda, mientras Colette se queda junto a su propia ventana vigilando el pasillo y avisándole por un equipo de comunicación.

La lámpara forense revela abundantes restos de sangre limpiados en el piso y en las paredes. François encuentra también la figura con forma de gato, pero la toca con las manos desnudas. Justo en ese momento, Yann regresa de improviso porque ha olvidado el celular. Colette vigila sus movimientos y apura a su marido para que salga; François esquiva la búsqueda y logra escapar del departamento.
Con las pruebas que tienen, el matrimonio reconstruye el plan criminal: Nathalie rechazó la oferta de compra de veinte millones de euros del desarrollador inmobiliario, pero Yann quería el dinero de la venta del teatro. Tras matarla, hizo que Emma se pusiera la peluca e imitara la lengua de señas para sostener por un tiempo la apariencia de que Nathalie seguía viva; al mismo tiempo, imitó su firma para cerrar la venta del teatro en su nombre y cobrar el dinero. La película muestra después a Yann y a Emma ensayando la suplantación, lo que confirma lo que Colette sospechaba sobre la doble.
El final
El matrimonio decide entregarle las pruebas a la policía al día siguiente. Esa jornada, al terminar Colette su clase, Yann entra en el salón, saca un objeto que ella perdió durante la investigación, le exige explicaciones por haberse entrometido y se la lleva por la fuerza al teatro. Después usa la seguridad de Colette para atraer a François, ata a los dos entre bambalinas y se dispone a hacerlos desaparecer igual que a Nathalie.
Yann pone en marcha la maquinaria del escenario y se marcha; mientras el mecanismo funciona, los dos consiguen soltarse y luego aprovechan la función de Hamlet en curso para contraatacar. François sube al escenario disfrazado del fantasma de Nathalie y acusa a Yann en público de haber matado a su esposa; Yann lo persigue con la espada y el enfrentamiento entre ambos se convierte en un duelo real sobre las tablas. François recurre al final al «golpe secreto» que aparece una y otra vez en sus novelas, derriba a Yann y lo reduce. François sí había avisado antes a la policía, y los agentes irrumpen enseguida en el teatro para controlar la situación.

Una vez que la policía controla la escena, François le pregunta a Colette si ya ha entendido cuál era el «MacGuffin» de esta historia. Colette responde que cree haberlo entendido, y François le contesta que todavía tiene que seguir buscándolo. La película vuelve por último y brevemente al mundo de la novela, donde están Guillaume y Rebecca, y los dos personajes de ficción se llaman una vez más por su nombre.
