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Aurore

Una niña maltratada hasta la muerte por su madrastra y un pueblo entero que guarda silencio: recorrido completo de la trama de Aurore, basada en un caso real de maltrato infantil ocurrido en Quebec, Canadá, una historia desgarradora

Título

Aurore

Año / Duración

2005 · 115 minutos

Género

Drama

Dirección

Luc Dionne

Guion

Luc Dionne

Calificación

Reparto

Marianne Fortier, Serge Postigo, Hélène Bourgeois Leclerc

Aurore
La madrastra y el padre de Aurore Aurore de niña, con la mirada llena de inquietud El agente Oréus Mailhot reprocha al párroco su inacción Oréus increpa con furia a quienes encubrieron el maltrato Oréus, dolido e indignado, denuncia lo ocurrido tras la muerte de Aurore
Aviso de spoilers: Lo que sigue cuenta la trama completa, los giros clave y el final. Puedes saltar por capítulos a la parte que quieras recordar.

La niña del amanecer

En 1909, en un pequeño pueblo de Quebec, Canadá, nace una niña. Sus padres la llaman Aurore, que significa «amanecer»: su pequeño sol. Aurore (Marianne Fortier) pasa sus primeros años en un hogar lleno de cariño; su madre, Marie-Anne, es tierna y amorosa, y su padre, Télésphore (Serge Postigo), aunque callado, cumple con su deber.

Pero esta calma no dura mucho.

La madrastra y el padre de Aurore

La muerte de la madre y la llegada de la madrastra

En 1917, la madre de Aurore contrae tuberculosis y su estado empeora con rapidez. Durante su hospitalización, descubre algo que la perturba profundamente: su esposo, Télésphore, mantiene un romance en secreto con su propia prima, Marie-Anne Houde (Hélène Bourgeois Leclerc). Lo que más la aterra es descubrir, por casualidad, que Marie-Anne llegó a encerrar a su propio hijo en un baúl de madera: una mujer capaz de una crueldad escalofriante con los niños.

Desde la cama del hospital, la madre lucha con desesperación, no por su propia enfermedad, sino por el futuro de sus hijos. Presiente que, si ella muere, Télésphore se casará con Marie-Anne y sus hijos quedarán en manos de una persona peligrosa. Se vuelve cada vez más agitada, al punto de tener que ser atada a la cama. En 1918, muere presa de la rabia y la desesperación.

Tal como ella lo había previsto, Télésphore se casa con Marie-Anne casi de inmediato después del funeral.

Aurore de niña, con la mirada llena de inquietud

Del castigo físico al maltrato

De los tres hijos, Aurore es quien más se resiste a la madrastra. No soporta a esta mujer que ha ocupado el lugar de su madre y con frecuencia se muestra desobediente. Marie-Anne, por su parte, siente hacia Aurore una hostilidad especial desde el primer momento.

Al principio son bofetadas, castigos de rodillas y comida negada, cosas que en esa época mucha gente consideraba una «disciplina normal». Marie-Anne incluso convence al padre Leduc, el párroco del pueblo, de que Aurore es una «hija del pecado», concebida por sus padres en una noche de borrachera. Con el respaldo del cura, la mayoría en el pueblo prefiere hacer la vista gorda ante los castigos que sufre la niña.

Pero la «disciplina» pronto se convierte en maltrato descarado.

Una vez, después de que Aurore le contesta, Marie-Anne toma un listón de madera con clavos y lo descarga con fuerza sobre sus piernas. Los vecinos, Arcadius y Exilda, escuchan los desgarradores gritos de la niña, pero, por miedo a Télésphore, optan por callar.

Télésphore pasa el día entero trabajando y rara vez está en casa. Ignora por completo la manera en que su esposa castiga a los niños, o mejor dicho, prefiere no saberlo. De vez en cuando ve las marcas en el cuerpo de Aurore, pero solo frunce el ceño y sigue su camino.

El agente Oréus Mailhot reprocha al párroco su inacción

Nadie tiende una mano

La situación de Aurore se vuelve cada vez más desesperada. En una ocasión la llevan al hospital para tratarle una herida en la pierna, y sor Anna, quien la atiende, nota que la herida no parece accidental y sospecha que la niña sufre maltrato. Pero cuando lo informa a la madre superiora, esta le responde que el padre Leduc ya había advertido que la niña es una mentirosa problemática. Con una sola frase, las dudas de sor Anna quedan zanjadas.

El agente del pueblo, Oréus Mailhot, también intuye que algo anda mal. Intenta varias veces sonsacarle la verdad a Aurore, pero la niña siempre calla por miedo: teme que, si habla, la represalia sea aún más cruel.

Un día, sin salida alguna, Aurore hace algo desgarrador: se sienta sobre las vías del tren a esperar que la arrolle. La rescatan a tiempo, pero al volver a casa no la espera ningún cuidado, sino otra golpiza de su padre, Télésphore.

En lo más profundo del infierno

En los últimos días, el maltrato alcanza un extremo espeluznante. Marie-Anne saca del fogón un atizador de hierro al rojo vivo y quema una y otra vez el cuerpo de Aurore delante de los demás niños. La tortura se prolonga hasta bien entrada la noche, hasta que uno de sus hijos se arrodilla y le suplica que se detenga.

El cuerpo de Aurore ya está cubierto de heridas: quemaduras, moretones, fracturas, infecciones. Cada vez está más débil y apenas puede sostenerse en pie.

El abuelo de Aurore descubre un secreto oculto en un contrato matrimonial: cada vez que muere uno de los hijos de Télésphore y Marie-Anne, la pareja cobra una suma del seguro. Ya antes había muerto algún niño «por accidente». El abuelo le cuenta este hallazgo al agente Oréus.

Oréus va con esta prueba a confrontar al padre Leduc y lo amenaza con denunciar su negligencia ante el obispo. Pero ya es demasiado tarde.

Oréus increpa con furia a quienes encubrieron el maltrato

Se apaga el amanecer

La vecina Exilda finalmente reúne el valor para ir a la casa de Aurore y encuentra a la niña inconsciente en el piso de arriba. Cuando llegan las autoridades y el médico, Aurore ya agoniza. Aun así, ni siquiera en sus últimos momentos Marie-Anne deja de golpearla.

Aurore muere de septicemia, una infección grave provocada por las incontables heridas de su cuerpo. Tenía apenas diez años.

La autopsia deja a todos conmocionados. Los médicos encuentran cincuenta y cuatro heridas en su pequeño cuerpo: quemaduras, cortes, golpes contundentes, fracturas. Al leer el informe, el padre Leduc rompe a llorar sin control: por fin comprende el infierno que su silencio y sus prejuicios le hicieron sufrir a una niña inocente.

El juicio y las secuelas

Después del funeral, arrestan tanto a Télésphore como a Marie-Anne.

Télésphore es condenado a cadena perpetua por homicidio culposo. Marie-Anne es sentenciada inicialmente a la horca, pena que luego se conmuta por cadena perpetua. Más tarde es liberada por motivos de salud y finalmente muere de cáncer.

Durante la misa de funeral de Aurore, el padre Leduc, desde el púlpito, exhorta a los feligreses a «dejar esto atrás y mirar hacia adelante». El agente Oréus se pone de pie y dice que él jamás lo olvidará. Uno tras otro, todos en la iglesia se levantan y salen en silencio, dejando al cura solo frente a los bancos vacíos.

Atormentado por la culpa, el padre Leduc acaba más tarde con su vida usando dinamita.

Oréus, dolido e indignado, denuncia lo ocurrido tras la muerte de Aurore

El final

Un texto final informa al espectador que el caso de Aurore Gagnon se convirtió en el maltrato infantil más conocido de la historia de Quebec y marcó profundamente las leyes canadienses de protección de la infancia. Su historia se transmite de generación en generación como recordatorio de que, cuando un niño pide ayuda, el silencio es complicidad.

Aquella niña a la que llamaban «su pequeño sol» vio apagarse su amanecer para siempre a los diez años.