Una pasión secreta
Una relación secreta que desemboca en un dilema moral dentro de un juicio de posguerra: recorrido completo por Una pasión secreta, desde el encuentro y la desaparición hasta la confesión ante el tribunal, las cintas enviadas a la cárcel y el desenlace
Título
Una pasión secreta
The Reader
También conocida como: El lector (España)
Año / Duración
2008 · 124 minutos
Género
Drama / Romance / Misterio
Dirección
Stephen Daldry
Guion
David Hare
Calificación
Reparto
Kate Winslet (como Hanna Schmitz), David Kross (como Michael Berg joven), Ralph Fiennes (como Michael Berg adulto), Lena Olin (como Rose Mather / Ilana Mather adulta), Alexandra Maria Lara (como Ilana Mather joven), Bruno Ganz (como el profesor Rohl)
Obra original
La novela El lector (Der Vorleser), de Bernhard Schlink
Premios
81.ª edición de los Premios Óscar: mejor actriz; además, nominaciones a mejor película, mejor dirección, mejor guion adaptado y mejor fotografía
Una pasión secreta es un drama dirigido por Stephen Daldry y adaptado por David Hare de la novela homónima de Bernhard Schlink, protagonizado por Kate Winslet, David Kross, Ralph Fiennes, Lena Olin y Bruno Ganz. La película se estrenó en Nueva York en diciembre de 2008 y dura 124 minutos. Kate Winslet ganó con este papel el premio a la mejor actriz en la 81.ª edición de los Premios Óscar, donde la película fue además candidata a mejor película, mejor dirección, mejor guion adaptado y mejor fotografía.
La película tiene actualmente una calificación de 7.6 en IMDb; de las 202 críticas profesionales recogidas en Rotten Tomatoes, un 63 % es favorable, y la calificación del público llega al 79 %. La valoración de los espectadores supera al porcentaje de críticas profesionales positivas, de modo que la recepción está algo dividida. La historia arranca con una enfermedad en la Alemania Occidental de 1958 y atraviesa después un juicio por crímenes de guerra, los años de condena y la víspera de la excarcelación; a continuación se repasa en orden cronológico el vínculo de décadas entre Michael y Hanna.
La relación secreta que empieza con un ramo de flores
En 1958, Michael Berg, de 15 años, se siente mal de repente mientras viaja en tranvía y entra en el zaguán de un edificio de departamentos para vomitar. Hanna Schmitz, cobradora del tranvía de 36 años, lo encuentra, limpia el lugar y lo acompaña de vuelta a su casa. El médico le diagnostica escarlatina y Michael pasa tres meses de reposo en casa. Cuando se recupera, su madre le pide que le lleve flores a Hanna para agradecerle.

Después de esa segunda visita, los dos inician una relación sexual secreta. Hanna no quiere hablar de su pasado y rara vez responde a las preguntas de Michael sobre su vida personal. Poco a poco impone un orden fijo: primero Michael le lee en voz alta las obras literarias que estudia en la escuela y solo después se acercan el uno al otro. Michael le lee la Odisea, Las aventuras de Huckleberry Finn y La dama del perrito, de Chéjov, entre otros títulos; Hanna siempre escucha con atención, pero nunca toma un libro para leerlo ella misma.

Lecturas, bicicleta y una partida repentina
Michael mantiene esa relación al margen del trato con los chicos de su edad. Vende su colección de sellos y con ese dinero se va de viaje en bicicleta con Hanna por el campo. Durante el recorrido, Hanna le deja a Michael todo lo que exige leer o escribir: los mapas, los menús y el registro en los hoteles. Michael repara en esos detalles, pero no los relaciona entre sí.


Hanna es una trabajadora confiable y la compañía de tranvías se dispone a trasladarla a una oficina. En lugar de aceptar el ascenso, se muda sin despedirse. Cuando Michael llega al departamento, las habitaciones ya están vacías. No sabe adónde fue Hanna ni por qué se marchó de golpe, y la relación se interrumpe ahí.

Una vieja conocida desde los bancos de la facultad de Derecho
En 1966, Michael estudia Derecho en la Universidad de Heidelberg. Asiste a un seminario que dirige el profesor Rohl y, junto con sus compañeros, presencia el juicio por crímenes de guerra contra seis antiguas guardianas de las SS. A las acusadas se les imputa haber participado en la selección de prisioneras en Auschwitz y haber encerrado en una iglesia a cientos de mujeres y niños judíos durante una marcha de la muerte. Cuando un bombardeo aliado provoca un incendio, las guardianas siguen sin abrir las puertas y al final solo sobreviven dos personas.

Michael reconoce a Hanna en el banquillo. Ilana Mather, una de las supervivientes, declara como testigo y relata lo que vivió junto a su madre, Rose. Menciona además que Hanna hacía que algunas prisioneras le leyeran en voz alta. Michael se entera así por primera vez de que Hanna fue guardiana de un campo de concentración durante la guerra y no le queda más remedio que ligar a la acusada que tiene delante con la persona que guarda en su memoria.

La iglesia cerrada con llave y el informe manuscrito
Durante el juicio, Hanna no lo niega todo como hacen las demás acusadas. Admite que las guardianas apartaban periódicamente a algunas prisioneras para hacer sitio a las recién llegadas; también reconoce que no abrieron las puertas cuando la iglesia se incendió, y explica que las guardianas temían que las prisioneras escaparan todas. Sus respuestas confirman además que las guardianas sabían que el incendio estaba ocurriendo.

Mientras el proceso sigue su curso, Michael viaja solo a los restos del campo de concentración de Struthof. Recorre los caminos del recinto entre las alambradas y las torres de vigilancia, y después vuelve a la sala para seguir escuchando el juicio.

Las demás acusadas le cargan a Hanna la responsabilidad principal: afirman que ella estaba al mando y que fue quien redactó el informe del suceso. El juez le pide a Hanna una muestra de su letra para compararla con el informe. Tras dudar un instante, Hanna admite sin rodeos que el informe lo escribió ella. Michael recuerda entonces cómo evitaba los mapas, los menús y cualquier escritura, y comprende por fin que no sabe leer ni escribir; prefiere cargar con la autoría del informe antes que dejar ese secreto al descubierto ante el tribunal.
Un secreto que nunca llega al tribunal
Michael le cuenta su descubrimiento al profesor Rohl, pero sin revelar la identidad de Hanna. El profesor le señala con claridad que, cuando uno dispone de información capaz de influir en la sentencia, debe hacérsela saber al tribunal. Michael va a la cárcel y podría haberlo confirmado con Hanna o haber explicado la situación a quien correspondiera, pero al final no llega a entrar en la visita.

El tribunal condena finalmente a Hanna a cadena perpetua, mientras que las demás acusadas solo reciben penas de unos pocos años de cárcel. Su analfabetismo guarda relación únicamente con la prueba de la autoría del informe y no cambia los hechos que la propia Hanna ha admitido, como la selección de prisioneras y la negativa a abrir las puertas; el silencio de Michael, en cambio, priva al tribunal de la oportunidad de volver a juzgar quién escribió realmente el informe. Después Michael termina la carrera, se casa y tiene una hija, Julia, pero nunca logra construir una relación íntima estable con su familia y el matrimonio acaba rompiéndose.
Las cintas y el aprendizaje de la lectura en la cárcel
Años más tarde, Michael vuelve a sacar los libros que leía de joven. Empieza a grabar sus lecturas en cintas y las envía sin interrupción a la cárcel donde Hanna cumple condena, pero no adjunta ninguna carta ni va a visitarla. Hanna pide prestadas en la biblioteca de la prisión esas mismas ediciones y, mientras escucha las grabaciones, va emparejando la voz con las palabras impresas.


Así es como Hanna aprende poco a poco a leer y a escribir. Empieza a mandarle a Michael notas breves escritas a mano en las que le cuenta qué libros está leyendo y le pregunta si recibió sus cartas. Michael conserva esas notas, pero nunca contesta; sigue grabando y mantiene el contacto con Hanna reducido a su propia voz y a las obras literarias.

Los preparativos de la salida y el último encuentro
En 1988, la responsable de la prisión avisa a Michael de que Hanna, tras muchos años de condena, está a punto de obtener la libertad condicional. Hanna no tiene familiares ni amigos fuera, y la funcionaria espera que quien lleva tanto tiempo enviándole grabaciones la ayude a rehacer su vida. Michael le consigue una vivienda y un trabajo, y una semana antes de la excarcelación va a verla a la cárcel por primera vez.

En el reencuentro, Michael se mantiene contenido y se limita sobre todo a explicarle los preparativos para la salida. Hanna le dice que antes del juicio no había pensado de verdad en lo que hizo durante la guerra, y que desde entonces convive todo el tiempo con esos recuerdos. Al terminar la visita, Michael le promete ir a buscarla el día de la excarcelación. Llegado ese día, la responsable de la prisión le comunica que Hanna se ahorcó en su celda. Ha dejado una lata de té con sus ahorros y un testamento breve en el que le pide a Michael que entregue ese dinero a Ilana, la superviviente.

El final
Michael viaja a Nueva York para ver a Ilana, ya adulta, y por primera vez le cuenta a alguien la relación que tuvo con Hanna en su adolescencia. Le explica que Hanna fue analfabeta durante muchos años y le entrega el dinero y la lata de té que dejó. Ilana se niega a aceptar el analfabetismo como atenuante de la culpa y tampoco acepta ese dinero. Michael propone donarlo a una organización que promueve la alfabetización entre los judíos e Ilana accede, aunque se queda con la lata de té, porque le recuerda un objeto parecido que le quitaron en el campo de concentración.

En 1995, Michael lleva a su hija Julia, ya adulta, ante la tumba de Hanna. Hasta entonces siempre había mantenido las distancias con ella, pero esta vez decide por fin contarle lo que ocultó durante tanto tiempo. La película termina en el momento en que Michael empieza a narrarle a Julia su historia con Hanna.
