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La esperanza vive en mí

Un dentista que perdió a su esposa, sus hijas y su perro el 9/11 y que, cinco años después, es rescatado de su aislamiento por un viejo amigo de la universidad: un recuento completo de la trama de La esperanza vive en mí, de Mike Binder, el colapso de Charlie y el desenlace en el que finalmente evita el internamiento forzoso.

Título

La esperanza vive en mí

Reign Over Me

También conocida como: En algún lugar de la memoria (España)

Año / Duración

2007 · 124 minutos

Género

Drama

Dirección

Mike Binder

Guion

Mike Binder

Calificación

Reparto

Adam Sandler, Don Cheadle, Jada Pinkett Smith, Liv Tyler, Saffron Burrows

La esperanza vive en mí
Aviso de spoilers: Lo que sigue cuenta la trama completa, los giros clave y el final. Puedes saltar por capítulos a la parte que quieras recordar.

La esperanza vive en mí es una película dramática estadounidense de 2007, escrita y dirigida por Mike Binder, estrenada en marzo de ese año en Estados Unidos, con una duración de 124 minutos. Su título original, Reign Over Me, retoma la canción de 1973 «Love, Reign o’er Me», de la banda británica de rock The Who, y el tema de esa canción recorre toda la película: el protagonista lleva audífonos todo el tiempo para no dejar que nada le devuelva los recuerdos de su esposa e hijas.

Adam Sandler deja de lado su imagen habitual de comediante para interpretar a Charlie Fineman, un dentista de Manhattan que perdió a toda su familia el 9/11; Don Cheadle interpreta a Alan Johnson, su antiguo compañero de cuarto en la universidad y también dentista. El reparto de apoyo incluye a Jada Pinkett Smith (como Janeane, la esposa de Alan), Liv Tyler (como la terapeuta Angela), Saffron Burrows (como Donna, la paciente que denuncia falsamente a Alan) y Donald Sutherland (como el juez Raines), además de Melinda Dillon, en la que sería su última película antes de morir.

La película tiene 7.4 en IMDb. En Rotten Tomatoes cuenta con un 64% de aprobación (151 reseñas), y el consenso de la crítica la describe como «una historia amable sobre la amistad y el duelo, sostenida por las actuaciones de Sandler y Cheadle». El eslogan del póster en inglés es «Let in the unexpected».

El hombre de los audífonos y el scooter

Han pasado cinco años desde el 9/11. Charlie Fineman, que antes era un dentista exitoso y de carácter alegre, se ha convertido en una sombra que vaga por las calles de Manhattan: lleva el pelo largo y despeinado, unos audífonos enormes, y recorre la ciudad sin rumbo en un scooter eléctrico. Ya no ejerce la odontología y mantiene la música al máximo volumen todo el día para no escuchar nada que mencione a su esposa o sus hijas.

En su apartamento vive igual de encerrado en sí mismo: juega una y otra vez Shadow of the Colossus, practica solo con la guitarra y, por las noches, toca la batería en un club underground con una banda ruidosa. Jonathan y Ginger Timpleman, los padres de su difunta esposa, llevan tiempo preocupados por su estado mental: Charlie nunca les habla de su esposa ni de sus hijas, y ellos sospechan que quizá haya borrado por completo la tragedia de su memoria.

Un reencuentro en una esquina de Manhattan

Un día, Alan Johnson se topa en la calle con un tipo extraño que pasa en scooter. Tarda varios segundos en reconocerlo: es Charlie, su antiguo compañero de cuarto en la facultad de odontología.

La vida de Alan luce mucho más ordenada: su consultorio va bien, tiene esposa, Janeane, y una hija. Pero desde hace tiempo arrastra un cansancio difícil de explicar —sus suegros lo quieren como a un hijo, el trabajo se ha vuelto pura rutina— y necesita una válvula de escape. Charlie se convierte en esa válvula.

Los dos empiezan a frecuentarse. Una noche, Charlie lleva a Alan a verlo tocar la batería. Al terminar el concierto, Alan comenta que «este tipo de lugares son buenos para que un soltero como tú conozca mujeres». Antes de que termine la frase, Charlie estalla en furia. Es la primera vez que Alan se da cuenta de que hay algo en Charlie que no se puede tocar.

La falsa acusación en el consultorio

A Alan también le llegan sus propios problemas. Donna Remar, una paciente que le había hecho insinuaciones sexuales en el consultorio, lo denuncia ante el colegio profesional por acoso sexual después de que él la rechazara. La acusación de Donna es, por supuesto, falsa, pero una vez iniciado el proceso, Alan tiene que dedicar tiempo a demostrar su inocencia.

Apenas sale del consultorio, Ginger Timpleman, la suegra de Charlie, lo detiene en la puerta. Quiere que Alan le aclare algo: por qué Charlie no tiene ningún contacto con ellos. Ella y su esposo se habían jubilado con la idea de ayudar a su hija a cuidar a sus nietas, y ahora que las nietas ya no están, ven cómo el único «familiar» que les queda también les cierra la puerta.

Noches de videojuegos y maratones de Mel Brooks

En los días siguientes, es Charlie quien saca a Alan de casa una y otra vez. Una noche llega hasta su puerta pasada la medianoche y toca el timbre, despertando a Janeane y a la hija, para arrastrar a Alan a salir. Mientras caminan, Alan le cuenta el lío de la falsa denuncia de su paciente, y Charlie suelta una carcajada.

En las semanas siguientes, se juntan casi todos los días: pasan noches enteras jugando videojuegos interactivos en el apartamento de Charlie y ven tres comedias de Mel Brooks seguidas. Janeane se da cuenta de que su esposo apenas está en casa y empieza a mirar esta amistad con recelo.

Un día, mientras están juntos, Alan recibe una llamada: su padre acaba de morir. Lo que le resulta insoportable en el momento es que Charlie apenas reacciona ante la noticia. Alan se enfurece. Después, Charlie intenta disculparse ofreciéndole un millón de dólares —parte de la compensación federal para las familias de las víctimas del 9/11—, pero Alan rechaza el dinero. Aun así, este choque termina por reconciliarlos.

La terapia y el relato que llegó tarde

Alan finalmente convence a Charlie de ver a una terapeuta. Angela Oakhurst es una mujer joven, y Charlie apenas le dirige la palabra: en cada sesión se sienta dos o tres minutos y se marcha. Angela no lo presiona; solo le dice que tarde o temprano tendrá que contarle a alguien la historia de su familia.

Al salir de una de esas sesiones, Charlie se sienta en la sala de espera afuera del consultorio de Angela y, de un tirón, le cuenta todo a Alan. Describe con detalle a sus tres hijas, a su esposa y al perro de la familia: habían abordado un vuelo de Boston a Los Ángeles, el mismo avión que los secuestradores estrellaron contra la torre norte del World Trade Center.

La fragilidad sobre el scooter

Después de contar la historia de su familia, Charlie cambia por un tiempo. Deja de ver una y otra vez sus comedias favoritas, y en el apartamento empiezan a aparecer, de tanto en tanto, imágenes de su esposa e hijas. Cuando ya no puede contener la emoción, hace algo peligroso: saca la pistola que guardaba desde hacía años —sin balas— y sale a la calle con ella, apuntando a un taxista para provocar a la policía, con la esperanza de que le disparen. Los agentes lo derriban y le quitan el arma.

Este «intento de suicidio» lo interna directamente en observación psiquiátrica. Se pone en marcha el proceso legal: el juez David Raines debe decidir si Charlie será internado a la fuerza.

«REIGN OVER ME» en la audiencia

En el momento decisivo de la audiencia, el abogado contratado por los Timpleman, para demostrar que Charlie «no puede enfrentar la realidad», exhibe sin previo aviso, una tras otra, grandes fotografías de su esposa e hijas ante el tribunal. Charlie se derrumba por completo en el estrado: se pone los audífonos, sube el volumen al máximo y grita junto con el estribillo de The Who: «¡REIGN… OVER ME!».

El juez Raines finalmente decide devolverles la decisión a los Timpleman: les pide que piensen con calma si su hija hubiera querido que internaran a su esposo o que lo dejaran en libertad.

En el vestíbulo del tribunal, tras el receso, Charlie se acerca a sus suegros. Les explica que nunca lleva fotos de su esposa e hijas ni habla de ellas porque las ve todos los días: en cada rostro desconocido que cruza en la calle, ve algo de ellas.

Los Timpleman deciden no pedir el internamiento. Charlie puede volver a su vida, pero sabe que ya no puede seguir viviendo en el apartamento que compartió con su esposa e hijas, así que se muda a un lugar nuevo.

El final

Alan visita a Charlie en su nuevo apartamento. Al otro lado de la ventana se ve otra parte de Manhattan. Suena el teléfono: es Janeane, que le dice en voz baja: «I love you and just want you to come home».

Los dos bajan hasta la entrada del edificio, y el portero saca el scooter eléctrico de Charlie del vestíbulo, recordándole que «no debe dejar sus cosas por ahí». Charlie le pide que lo suba de nuevo, pero el portero no se mueve. Alan se queda un momento desconcertado y, al final, toma una decisión inesperada: se sube al scooter de Charlie y regresa solo a casa recorriendo las calles de Manhattan.