Hojas de otoño
Dos solitarios de Helsinki se cruzan en un bar de karaoke y se pierden y reencuentran una y otra vez: el argumento completo de Hojas de otoño, ganadora del Premio del Jurado en Cannes 2023.
Título
Hojas de otoño
Kuolleet lehdet
También conocida como: Fallen Leaves (España)
Año / Duración
2023 · 81 minutos
Género
Drama / Comedia / Romance
Dirección
Aki Kaurismäki
Guion
Aki Kaurismäki
Calificación
Reparto
Alma Pöysti, Jussi Vatanen, Janne Hyytiäinen, Nuppu Koivu, Alina Tomnikov
Premios
Festival de Cannes 2023: Premio del Jurado; Palm Dog (a la perra Alma, en el papel de Chaplin)
Sobre la película
Hojas de otoño es la cuarta entrega que el director finlandés Aki Kaurismäki suma, más de treinta años después, a su llamada «trilogía proletaria» —iniciada con Sombras en el paraíso (1986), Ariel (1988) y La chica de la fábrica de cerillas (1990)—, convirtiéndola así en una tetralogía. La película es una coproducción de las finlandesas Sputnik / Bufo y la alemana Pandora Film; el rodaje comenzó en agosto de 2022 en el barrio de Kallio, en Helsinki, con Timo Salminen, colaborador habitual de Kaurismäki, a cargo de la fotografía. Dura apenas 81 minutos.
En mayo de 2023 la película tuvo su estreno mundial en la sección oficial del 76.º Festival de Cannes, donde obtuvo el Premio del Jurado; la perra callejera Alma, que interpreta a «Chaplin», el compañero de la protagonista, ganó además el Palm Dog de esa edición. En IMDb tiene una puntuación de 7.2.
Los protagonistas son Alma Pöysti —nominada al Premio del Cine Europeo por Tove— en el papel de Ansa, reponedora de supermercado, y Jussi Vatanen en el de Holappa, obrero de un taller de chorreado de arena. Janne Hyytiäinen interpreta a Huotari, compañero de trabajo y de piso de Holappa, y Nuppu Koivu interpreta a Liisa, compañera de trabajo de Ansa.
El relato se sitúa deliberadamente en «otra versión del presente»: el calendario que cuelga en la pared marca el otoño de 2024, mientras la radio no deja de repetir noticias sobre el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022. A esto se suma la estética característica de Kaurismäki —bloques saturados de rojo y verde, lámparas de otra época, viejas canciones de rocola y actuaciones casi mudas, de rostros inexpresivos— que convierte toda la película en una postal enviada desde una época indefinida.
El bar de karaoke
La historia comienza en Helsinki. Ansa es una mujer que vive sola y se gana la vida reponiendo estantes en un supermercado con contratos temporales; Holappa es un hombre igual de solitario y deprimido que trabaja como chorreador de arena en una fábrica de metales, y no deja de beber a escondidas de una petaca durante su turno.
Una noche, el compañero de trabajo y de piso de Holappa, Huotari, propone ir a un bar de karaoke. Holappa acepta de mala gana. Ya en el bar, ambos siguen bebiendo y Huotari sube al escenario a cantar para el público. Entre los presentes, Liisa, compañera de trabajo de Ansa, se acerca después a felicitarlo por su voz. Huotari aprovecha para invitarla a salir, pero ella lo rechaza con amabilidad.
Esa misma noche, Holappa y Ansa se fijan el uno en el otro por primera vez desde ambos extremos de la barra: cruzan la mirada un instante, pero ninguno se acerca a hablarle al otro.

Otra noche, de camino a casa, Ansa pasa junto a una parada de autobús y ve a Holappa completamente inconsciente por la bebida, tirado en el banco. Se acerca, comprueba que sigue vivo y a salvo, y se va en silencio antes de que él despierte.
Despido y reencuentro
Despiden a Ansa del supermercado: la acusan de llevarse a casa alimentos caducados. Con el dinero justo, consigue trabajo lavando platos en un pequeño bar, cuyo dueño le promete pagarle en efectivo y sin declarar impuestos. Al segundo día de trabajo, la policía se lleva al dueño del bar detenido por tráfico de drogas, y Ansa vuelve a quedarse sin empleo.
Al salir del bar se topa de frente con Holappa. Esta vez por fin hablan. Holappa la invita a tomar un café con un postre. Después van juntos al cine a ver Los muertos no mueren, de Jim Jarmusch. La cita transcurre en un ambiente muy agradable y, al despedirse, Ansa le entrega un papel con su número de teléfono, pero le dice que su nombre se lo dirá la próxima vez que se vean.
Holappa se guarda el papel en el bolsillo. Al detenerse en la calle para fumar un cigarro, el papel con el número de teléfono se le escapa del bolsillo sin que él se dé cuenta.

Un papel perdido
De vuelta en casa, Ansa espera junto al teléfono día tras día. El teléfono nunca suena.
Holappa, por su parte, no tiene forma de contactarla: solo recuerda que ella le dijo que vivía cerca del cine. Así que, durante varios días, vuelve a la puerta del cine y se queda ahí plantado durante horas esperando verla aparecer. Y así, por pura mala suerte, los dos siguen sin coincidir.
Poco después, Holappa sufre una caída en la obra y termina en el hospital. Al mismo tiempo, no pasa la prueba de alcoholemia en la fábrica, lo despiden del trabajo y lo echan también de la residencia colectiva de la empresa. Sin techo, Holappa recoge sus cosas y se refugia temporalmente en casa de Huotari.
Una tarde, Ansa y Holappa por fin vuelven a encontrarse frente al cine. Ansa lo invita a cenar a su casa.
Cena y ruptura
En el pequeño apartamento de Ansa —un sofá rojo, paredes verdes, una lámpara de cobre, un cuadro colgado— todo está dispuesto con esmero. Cocinan juntos en silencio y empiezan a conocerse. Todo parece encaminarse hacia algo bueno.
Hasta que Ansa sorprende a Holappa dando a escondidas un trago de su petaca. Se queda paralizada. Le confiesa que, en su familia, el alcohol ha destruido a varias generaciones, y que no puede permitirse acercarse a un hombre alcohólico. Le exige que deje de beber.

Holappa se niega a que le den órdenes. Recoge sus cosas y sale dando un portazo de la casa de Ansa.
En los días que siguen, Holappa no tiene casa ni trabajo. Duerme en bancos de la calle y sobrevive con trabajos sueltos en obras. En la nueva obra que consigue, lo despiden de nuevo enseguida por beber durante el turno. Sigue bebiendo en los bares.
Un perro callejero
Una tarde, de camino a casa desde la fundición donde ha encontrado trabajo, Ansa se encuentra con un perro callejero sin hogar. Se lo lleva a casa, lo baña, le da de comer y le habla: es la primera vez que otra vida respira en ese apartamento tan silencioso.
Mientras tanto, Holappa también piensa en Ansa. Vacía una por una todas las botellas de alcohol que tiene en casa por el desagüe, decidido a dejar de beber. Después marca ese número que nunca antes se había atrevido a marcar: Ansa contesta y dice su nombre, y él, al otro lado de la línea, solo responde «Soy yo». Quedan en verse de inmediato.

Después de una llamada
En cuanto cuelga, Holappa sale corriendo hacia la casa de Ansa.
Al cruzar las vías, lo atropella un tren que pasa en ese momento.
En casa, Ansa sigue esperándolo. No sabe lo ocurrido, y espera toda la noche, y muchos días más. Hasta que un día, mientras pasea al perro, se cruza con Huotari, quien por fin le cuenta que Holappa está en el hospital, en coma. Aprovechando el encuentro, Huotari le pide a Ansa el número de Liisa: sabe que ella lo considera demasiado mayor, pero aun así quiere intentarlo. Ansa se lo da.

Ansa corre de inmediato al hospital. No sabe el nombre de pila de Holappa, solo su apellido. Para poder entrar a la habitación, le miente a la enfermera diciéndole que es su «hermana de fe», y así logra que la dejen pasar.
A partir de entonces, Ansa vuelve todos los días al hospital: se sienta junto a la cama de Holappa, en coma, a leerle y a hablarle, aunque él no pueda oírla. Mientras tanto, Liisa acepta acercarse a Huotari y ambos comienzan una relación.
El final
Por fin, un día, Holappa despierta del coma.
Le dan el alta. Ansa llega a buscarlo en silla de ruedas, acompañada del perro callejero que ella misma bañó en su apartamento. Los tres —un hombre, una mujer y un perro— caminan despacio de vuelta a casa por las calles de un Helsinki ya en pleno otoño.
Mientras caminan, Holappa mira al perro que camina a su lado y le pregunta a Ansa cómo se llama. Ansa responde: Chaplin.