Los fantasmas de Scrooge
Un avaro ve en una sola noche su pasado, su presente y su posible futuro: recorrido completo por el argumento de Los fantasmas de Scrooge, en el que Scrooge acepta la advertencia de los tres Espíritus de la Navidad y cambia de vida
Título
Los fantasmas de Scrooge
A Christmas Carol
También conocida como: Cuento de Navidad (España)
Año / Duración
2009 · 99 minutos
Género
Drama / Animación / Familia / Fantasía
Dirección
Robert Zemeckis
Guion
Robert Zemeckis
Calificación
Reparto
Jim Carrey (como Ebenezer Scrooge y los tres Espíritus de la Navidad), Gary Oldman (como Bob Cratchit y Jacob Marley), Colin Firth (como Fred), Robin Wright (como Fan y Belle), Bob Hoskins (como Fezziwig y Old Joe)
Obra original
la novela corta Canción de Navidad (A Christmas Carol), de Charles Dickens
Los fantasmas de Scrooge (A Christmas Carol) es una película de animación estadounidense dirigida y escrita por Robert Zemeckis, adaptada de la novela homónima que Charles Dickens publica en 1843, con la captura de interpretación y las voces de Jim Carrey, Gary Oldman, Colin Firth, Robin Wright y Bob Hoskins. La película se estrena en Estados Unidos el 6 de noviembre de 2009 y dura 99 minutos.
Hasta el 8 de septiembre de 2026, la película tiene una calificación de 6.8 en IMDb y su página registra unos 142 000 votos. La valoración se sitúa algo por encima del punto medio, de modo que la reacción general del público resulta más bien positiva.
Una Nochebuena fría y dura
En la Nochebuena de 1836, el comerciante londinense Jacob Marley muere y su socio, Ebenezer Scrooge, firma los documentos del entierro. Siete años después, ese mismo día, Scrooge ya es un prestamista rico pero avaro. Considera que celebrar la Navidad es un desperdicio y la alegría de los demás no le interesa.

Fred, el sobrino de Scrooge, llega al despacho para invitar a su tío a la cena de Navidad y recibe una negativa cortante. Dos caballeros que recogen donaciones para los pobres también se van con las manos vacías. El empleado Bob Cratchit trabaja en una oficina helada hasta que Scrooge accede de mala gana a darle libre el día de Navidad. Al terminar la jornada, Scrooge vuelve solo a su sombría casa.
Marley regresa arrastrando cadenas
Cuando Scrooge abre la puerta, la aldaba se convierte por un instante en el rostro de Marley. Al principio toma la visión por una ilusión, pero después las campanillas de la casa suenan solas y un pesado ruido de cadenas se acerca poco a poco.

El fantasma de Marley aparece arrastrando una larga cadena formada por cajas de caudales, llaves y libros de cuentas. Le explica que esa cadena es el castigo que él mismo forjó en vida al ocuparse solo de los negocios y desentenderse de los demás; si Scrooge sigue viviendo como hasta ahora, cargará con un yugo todavía más pesado. Marley le advierte que esa noche lo visitarán, uno tras otro, tres Espíritus de la Navidad.

El Espíritu de la Navidad Pasada le muestra su vida anterior
A la una de la madrugada, el Espíritu de la Navidad Pasada, con la cabeza encendida como la llama de una vela, llega junto a la cama. Saca a Scrooge de la habitación y lo lleva por el cielo nocturno hasta el campo donde creció. Scrooge se ve a sí mismo de niño, pasando solo las fiestas en un internado, hasta que su hermana Fan viene a buscarlo para llevarlo a casa. Fan muere joven y deja un hijo, que es precisamente Fred.

Después, ambos llegan al almacén que regenta Fezziwig. El joven Scrooge fue aprendiz allí, y Fezziwig interrumpe el trabajo para ofrecer a sus empleados y a sus familias un animado baile de Navidad. La escena le recuerda al Scrooge anciano que a un patrón le basta con dar poco para llevar alegría a quienes lo rodean.

El Espíritu de la Navidad Pasada le muestra además a Belle, su novia de juventud. A medida que Scrooge concede cada vez más importancia a la riqueza, Belle descubre que el dinero ha ocupado su lugar en el corazón de él y rompe el compromiso. Scrooge no quiere seguir enfrentándose a ese pasado, apaga con el apagavelas la luz del Espíritu de la Navidad Pasada y es devuelto a su habitación.

El Espíritu de la Navidad Presente lo lleva entre la gente
El segundo visitante es el Espíritu de la Navidad Presente, sentado entre comida abundante. Lleva a Scrooge a contemplar desde lo alto la ciudad el día de Navidad: las calles y los mercados bullen de actividad y gente de condiciones muy distintas busca la manera de compartir la fiesta. Por primera vez, Scrooge observa de cerca esas vidas que a diario pasa por alto.

La Navidad de los Cratchit y la de Fred
El Espíritu de la Navidad Presente lleva primero a Scrooge a casa de Bob. Los Cratchit viven con sencillez y la comida que han preparado tampoco es mucha, pero la familia se reúne igualmente en torno a la mesa para celebrar. Tiny Tim, el hijo pequeño de Bob, es débil de salud: necesita una muleta y su padre lo carga para moverse. Scrooge empieza a preocuparse por el destino del niño; el Espíritu de la Navidad Presente le dice que, si la situación que tiene delante no cambia, es posible que Tiny Tim no llegue a la próxima Navidad.

Luego van a casa de Fred. Fred y sus invitados hablan de Scrooge y, aunque todos se burlan de su mal carácter, Fred brinda igualmente por su tío y espera que en el futuro quiera sumarse a la reunión. Scrooge, que mira sin ser visto, se contagia del ambiente alegre y participa en los juegos con los demás, aunque ellos no pueden verlo.

Ignorancia, Necesidad y la advertencia del futuro
Cuando al Espíritu de la Navidad Presente se le agota la vida, saca de debajo de su túnica a dos niños escuálidos que simbolizan, respectivamente, la «Ignorancia» y la «Necesidad», y advierte a Scrooge que no los pase por alto. Suenan las campanadas de medianoche, el fantasma envejece de golpe, queda reducido a un esqueleto y desaparece.
Enseguida aparece el Espíritu de la Navidad Venidera, cubierto con un manto negro y siempre en silencio. Mientras le muestra el futuro, en un momento dado encoge a Scrooge y lo deja huyendo de una persecución junto a la chimenea.

Después, el Espíritu de la Navidad Venidera le deja ver un desenlace posible: unos comerciantes reciben con indiferencia la noticia de la muerte de un hombre; una lavandera y unos criados se llevan las pertenencias del difunto para venderlas; un cadáver yace sin nadie que lo vele en una habitación en penumbra. Al mismo tiempo, los Cratchit lloran la muerte de Tiny Tim.

Scrooge exige saber quién es el muerto y el Espíritu de la Navidad Venidera lo lleva a un cementerio, donde señala una lápida con el nombre «Ebenezer Scrooge». Solo entonces comprende que ese hombre al que nadie llora es él mismo. Aterrado, Scrooge suplica poder cambiar y promete recordar todo lo que le han mostrado los tres fantasmas y no seguir viviendo como hasta ahora.

El final
Scrooge cae hacia una fosa abierta, pero despierta en su propia cama. Descubre que sigue siendo la mañana de Navidad y que los tres viajes han transcurrido a lo largo de una sola noche. Una vez que confirma que todavía tiene una oportunidad, abre la ventana, le pide a un muchacho de la calle que compre el pavo más grande de la tienda y lo envía de forma anónima a casa de los Cratchit; además vuelve a buscar a los caballeros que el día anterior recogían donaciones y se compromete a aportar una suma de dinero.
Scrooge se dirige después a casa de Fred, acepta la invitación de su sobrino y cena con la familia en Navidad. Al día siguiente, cuando Bob regresa al despacho, Scrooge finge primero estar enojado por su retraso y acto seguido le sube el sueldo y le dice que va a ayudar a los Cratchit. A partir de entonces trata con generosidad y amabilidad a quienes lo rodean, y se convierte también en un adulto en quien Tiny Tim puede apoyarse; Tiny Tim recupera la salud y no muere en el futuro que le mostraron los fantasmas.
