Trece vidas
Las lluvias torrenciales sellan la cueva Tham Luang en Tailandia: desde la desaparición de trece personas y la búsqueda a cargo de buzos de cuevas internacionales hasta su evacuación bajo sedación, repasamos la trama completa y el final de Trece vidas.
Título
Trece vidas
Thirteen Lives
Año / Duración
2022 · 147 minutos
Género
Drama / Biografía / Thriller
Dirección
Ron Howard
Guion
William Nicholson
Calificación
Reparto
Viggo Mortensen (como Rick Stanton), Colin Farrell (como John Volanthen), Joel Edgerton (como Harry Harris), Tom Bateman (como Chris Jewell), Teeradon Supapunpinyo (como el entrenador Eak), Sukollawat Kanarot (como Saman Kunan)
Trece vidas (Thirteen Lives), dirigida por Ron Howard y escrita por William Nicholson, está basada en el rescate de la cueva Tham Luang de 2018 en Tailandia. La película está protagonizada por Viggo Mortensen, Colin Farrell y Joel Edgerton; se estrena de forma limitada en Estados Unidos el 29 de julio de 2022 y llega a Prime Video el 5 de agosto, con una duración de 147 minutos.
Al 6 de octubre de 2026, la película tiene una calificación de 7.8 en IMDb, con unos 82 000 votos; Rotten Tomatoes reúne 183 reseñas, con un 85 % de aprobación de la crítica y un 93 % del público. Tanto la crítica especializada como el público ofrecen valoraciones mayormente positivas.
Una exploración de la cueva después del entrenamiento de fútbol
El 23 de junio de 2018, el equipo juvenil de fútbol «Jabalíes Salvajes», de la provincia tailandesa de Chiang Rai, termina su entrenamiento. Los doce jugadores y el entrenador asistente Eak no regresan de inmediato a casa, sino que van en bicicleta a explorar la cueva Tham Luang. Ese día es el cumpleaños de uno de los jugadores, Prem, y su familia ya tiene preparado un pastel para celebrarlo cuando vuelva.

El grupo deja las bicicletas y las mochilas en la entrada y entra a la cueva solo con linternas. Poco después cae una lluvia torrencial sobre la montaña y el agua inunda los pasadizos que antes podían recorrerse a pie. Cuando intentan regresar, descubren que la salida ya está sumergida, así que avanzan hacia el interior hasta detenerse en una cornisa rocosa por encima del agua. Eak les pide que descansen en silencio y conserven sus fuerzas, y que beban el agua que se filtra por las paredes para sobrevivir.

Prem no aparece en su fiesta de cumpleaños y los demás chicos tampoco vuelven a casa. Los padres llegan a la entrada de la cueva, ven las bicicletas y las pertenencias abandonadas y alertan de inmediato a las autoridades. El nivel del agua no deja de subir y aísla por completo a las trece personas del mundo exterior.
Las lluvias torrenciales frenan el rescate tailandés
El funcionario local Narongsak organiza el rescate, y el capitán Arnont conduce a los SEAL de la Marina Real Tailandesa al interior de la cueva. Los miembros del equipo deben abrirse paso a tientas por conductos estrechos y turbios, atravesados por fuertes corrientes, un entorno para el que la experiencia convencional de buceo resulta insuficiente. La búsqueda inicial solo consigue llegar hasta la Cámara 3, pero una crecida repentina obliga a todos a retirarse.
Vern Unsworth, un explorador británico que vive en la zona, conoce bien la estructura de Tham Luang. Explica al centro de mando que los buzos convencionales no pueden cruzar los largos tramos totalmente inundados y recomienda contactar a especialistas en buceo de cuevas. Los británicos Rick Stanton y John Volanthen llegan a Tailandia y trabajan con el equipo local para tender líneas guía y transportar tanques de aire mientras recorren una y otra vez el trayecto entre la entrada y la Cámara 3.

Fuera de la cueva se congregan poco a poco policías, militares, personal médico, ingenieros, voluntarios y medios de comunicación. Los padres solo pueden esperar detrás del perímetro de seguridad. Mientras el equipo de mando bombea el agua del interior, también busca grietas y otras entradas en la montaña, pero las lluvias del monzón siguen enviando agua hacia la cueva.
Encuentran a los trece nueve días después
Durante una inmersión, Rick y John encuentran primero a un trabajador atrapado por el agua mientras intenta reparar una bomba. John lleva al hombre, aterrorizado, de regreso a la Cámara 3 y confirma así que una persona sin entrenamiento en buceo de cuevas puede perder con facilidad el regulador o golpearse contra las rocas en los pasadizos inundados, incluso acompañada por un profesional.
Tras una breve mejoría del clima, los dos siguen la línea guía y avanzan hacia las profundidades. Nueve días después de la desaparición, rebasan la playa Pattaya, donde se pensaba que podría haber alguien, y por fin encuentran a los doce jóvenes y al entrenador Eak en una cornisa aún más profunda. Los trece siguen con vida.


Encontrarlos no significa que puedan sacarlos. Los chicos no saben bucear en cuevas y, para regresar desde ese punto hasta la entrada, deben atravesar varios conductos estrechos bajo el agua; incluso acompañados por especialistas, el trayecto de ida toma varias horas. La temporada de lluvias apenas comienza, por lo que tampoco es posible dejarlos allí durante meses.
Ni el drenaje ni el suministro de oxígeno resuelven la crisis
Fuera de la cueva, Thanet, un experto hidráulico llegado de Bangkok, descubre que los sumideros de la montaña canalizan continuamente el agua de lluvia hacia la cueva. Él y los voluntarios instalan tuberías para desviarla a campos de cultivo cercanos. Los agricultores aceptan que sus cosechas se inunden para ganar más tiempo para quienes están atrapados.

Los rescatistas llevan alimentos, medicamentos y tanques de aire hasta los chicos, y varios miembros de la Marina tailandesa se quedan para cuidarlos. Sin embargo, la proporción de oxígeno dentro de la cueva continúa descendiendo y el transporte de los tanques es extremadamente peligroso. Saman Kunan, exintegrante de los SEAL de la Marina, pierde el conocimiento en el camino de regreso tras completar una entrega y no logran salvarlo. Su muerte deja claro para todos que incluso un adulto bien entrenado puede morir en esa ruta.

Seguir esperando, perforar la montaña o enseñarles a bucear a los chicos no resolvería el problema a tiempo. El pronóstico anuncia otra ronda de lluvias intensas, así que el equipo de rescate debe intentar evacuarlos antes de que la cueva vuelva a inundarse.
Autorizan el plan de evacuación bajo sedación
Rick y John proponen un método de altísimo riesgo: mantener inconscientes a los chicos durante todo el trayecto para que un buzo de cuevas saque a cada uno de forma individual. Así evitan que entren en pánico en los conductos oscuros, se arranquen la máscara o queden atascados en un paso estrecho, pero un mínimo error en la dosis del anestésico puede detener su respiración; además, si el efecto disminuye durante el largo recorrido, es necesario aplicar otra inyección.

Rick contacta a Harry Harris, quien además de buzo de cuevas es anestesiólogo. Al principio, Harry considera que el plan es demasiado peligroso, pero después de inspeccionar la ruta y evaluar el estado de los chicos acepta encargarse de la sedación. El equipo ensaya una y otra vez con cuerdas y equipo de buceo: cada chico lleva un traje de neopreno, la máscara sujeta al rostro y las manos colocadas detrás del cuerpo, y luego el buzo responsable lo transporta siguiendo la línea guía.
Antes de iniciar el primer rescate, Harry inyecta un sedante a cada chico, comprueba su respiración y lo entrega a un buzo de cuevas. Solo un pequeño grupo de responsables y participantes directos conoce el plan; ni los padres ni los medios que esperan afuera saben cómo se llevará a cabo.

La evacuación submarina concluye en tres días
Cada buzo sujeta frente a su cuerpo a un chico inconsciente, comprueba que la máscara esté sellada y atraviesa los pasadizos inundados. Cuando llegan a los tramos más secos, los rescatistas en tierra los trasladan por relevos en camillas; antes de entrar al siguiente tramo bajo el agua, el buzo vuelve a revisar el equipo y el nivel de sedación.


El primer día sacan a salvo a cuatro jóvenes; el segundo, otros cuatro abandonan la cueva. En cada salida repiten los mismos pasos de sedación, buceo y traslado por relevos, y una filtración en la máscara, un enredo en la cuerda o una disminución del efecto del sedante en cualquier tramo puede ser mortal. El tercer día sacan uno tras otro a los chicos restantes, y el entrenador Eak es el último en dejar el lugar donde estaban atrapados. Los miembros de la Marina tailandesa que los acompañan se retiran después; poco más tarde, una bomba de agua se avería y el nivel sube con rapidez, pero el último grupo de rescatistas también consigue salir a tiempo.
El final
Tras el rescate de los trece, los trasladan a un hospital para mantenerlos aislados y bajo observación. Al principio, el equipo de rescate no revela públicamente la identidad de cada chico, y los padres que esperan solo confirman los resultados de forma gradual a medida que avanza la operación. Rick, John, Harry y los buzos de cuevas de varios países completan un plan en el que se anticipaban posibles muertes, y todos los jóvenes y su entrenador salen con vida.


Al final, la película vuelve a la fiesta de cumpleaños que no pudo celebrarse. Los jugadores rescatados, su entrenador y sus familias se reúnen alrededor del pastel para festejar el cumpleaños de Prem. Los textos finales explican que miles de personas de diecisiete países participan en el rescate; el entrenador Eak y tres jugadores que entonces no tenían nacionalidad obtienen después la ciudadanía tailandesa. La película también dedica su cierre a Saman Kunan, quien muere durante el rescate, y a Beirut Pakbara, miembro de los SEAL de la Marina que fallece tiempo después a causa de una infección.