El joven manos de tijera
Un par de manos de tijera que pasan de la bienvenida al aprovechamiento y al destierro en un vecindario de colores: recorrido completo por El joven manos de tijera, desde el encuentro entre Edward y Kim hasta su separación y el origen de la nieve del pueblo
Título
El joven manos de tijera
Edward Scissorhands
También conocida como: Eduardo Manostijeras (España)
Año / Duración
1990 · 105 minutos
Género
Drama / Romance / Fantasía
Dirección
Tim Burton
Guion
Caroline Thompson
Calificación
Reparto
Johnny Depp (como Edward), Winona Ryder (como Kim Boggs), Dianne Wiest (como Peg Boggs), Anthony Michael Hall (como Jim), Kathy Baker (como Joyce)
El joven manos de tijera (Edward Scissorhands) es una película de fantasía romántica dirigida por Tim Burton y escrita por Caroline Thompson, protagonizada por Johnny Depp, Winona Ryder, Dianne Wiest, Anthony Michael Hall y Kathy Baker. Se estrenó en Estados Unidos en diciembre de 1990 y dura unos 105 minutos.
Hasta el 5 de septiembre de 2026, la película tiene una calificación de 7.8 en IMDb, con unos 570 000 votos; de las 71 reseñas profesionales que reúne Rotten Tomatoes, el 92 % es positivo, y el público le da un índice de aprobación del 91 %, con más de 250 000 votos. Todos esos indicadores se ubican en un rango alto y la respuesta general es positiva.
La historia arranca en una noche de nieve. Kim, ya anciana, le cuenta a su nieta que en el pueblo antes nunca nevaba y cómo apareció después la nieve; su recuerdo regresa enseguida a los años de su juventud, cuando conoció a Edward.
Unas manos sin terminar y la visita al castillo
En el castillo de la cima de la colina, un inventor crea a Edward, un ser con forma y sentimientos humanos. Le enseña a leer y a comportarse con buenos modales, y le prepara además un par de manos humanas de verdad para reemplazar las tijeras que usa de manera provisional. Sin embargo, el inventor sufre un ataque al corazón antes de dar ese último paso, y Edward se queda solo en el castillo con sus manos de tijera.

Años después, Peg Boggs, vendedora de productos Avon, encadena un rechazo tras otro en el vecindario y decide manejar hasta el castillo abandonado de la cima para buscar nuevas clientas. Atraviesa un jardín cuidadosamente podado y encuentra a Edward en una habitación en penumbra. Al ver las cicatrices de su cara y comprobar que es de carácter apacible, Peg decide llevárselo a su casa para cuidarlo.

El nuevo huésped del vecindario de colores
Peg lleva a Edward en su auto hasta el barrio residencial de casas ordenadas y colores vivos que hay al pie de la colina. Su esposo, Bill, y su hijo Kevin aceptan pronto al invitado; en cambio, su hija Kim, al volver de la calle, se lleva un buen susto cuando Edward aparece de golpe en su dormitorio. Edward se siente atraído por ella desde que la ve, pero la torpeza de sus manos de tijera le complica hasta lo más simple: comer, vestirse o acostarse en una cama de agua.

Las vecinas de Peg se pasan la noticia por teléfono en cuestión de minutos y se reúnen en el patio trasero para una parrillada de bienvenida. La mayoría toma a Edward como una novedad y lo rodea para hacerle preguntas; Esmeralda, fanática religiosa, en cambio, lo declara peligroso. Jim, el novio de Kim, también lo mira con hostilidad, y Edward todavía no entiende la desconfianza ni los celos que hay detrás de esas actitudes.

La acogida que le gana su habilidad con las tijeras
Edward empieza por recortar el seto de la casa de Peg con forma de animal y después poda las plantas de los vecinos. Quienes al principio solo querían mirar terminan invitándolo a trabajar en sus jardines, y en poco tiempo la cuadra se llena de hileras de setos con las formas más diversas. También les recorta el pelo a las mascotas: las manos de tijera dejan de ser un obstáculo cotidiano y se convierten en una habilidad que a todos deslumbra.

Edward pasa luego a diseñar peinados para las mujeres del vecindario. Joyce es la más empeñada en acercarse a él, y cada vez son más las vecinas que hacen fila para que las peine. Las manos de tijera dejan de ser un obstáculo cotidiano para volverse la habilidad más celebrada de Edward en el vecindario.

La aparición en televisión y el plan del salón
Un programa de televisión invita a Edward a responder en vivo las preguntas del público, y eso aumenta todavía más la atención sobre él. Alguien le sugiere durante el programa que abra un salón de belleza; poco después, Joyce lleva a Edward a ver el local donde piensan instalarlo y, en el cuarto del fondo, se le insinúa de golpe. Edward huye asustado y, al llegar a casa, les cuenta tal cual a los Boggs que Joyce se quitó la ropa en el cuarto del fondo.

Aun así, Edward sigue con el plan y pide un préstamo en el banco para poder abrir el salón de verdad. El empleado descubre que no tiene documento de identidad, historial crediticio ni bienes que ofrecer como garantía, y le niega el crédito. Los aplausos que el vecindario le había dado no le consiguieron la identidad legal ni las condiciones de vida de una persona común.
El robo para el que lo usan
Jim quiere robar los equipos electrónicos de la casa de sus padres para venderlos y comprarse un auto, pero no logra entrar en la habitación que tiene sistema de alarma. Le pide a Kim que convenza a Edward de abrir la cerradura con sus manos de tijera. Edward, al ver que es Kim quien se lo pide, acepta participar; Jim y sus amigos esperan afuera, con el plan de marcharse apenas tengan el botín.

Edward abre la puerta y entra en la casa; la alarma se dispara de inmediato y el sistema de seguridad lo deja encerrado en la habitación. Jim se niega a volver por él y escapa con Kim y sus amigos. La policía llega y detiene a Edward; la evaluación psicológica concluye que su largo aislamiento le impidió formarse el juicio habitual sobre las normas sociales, y al final no se presentan cargos en su contra.


Edward no delata a Jim y le admite a Kim que participó en el robo porque ella se lo pidió. Kim le exige a Jim que diga la verdad, pero él se niega a asumir su responsabilidad. Joyce, mientras tanto, les asegura a las vecinas que Edward intentó abusar de ella, y el robo junto con esa acusación cambian la actitud del vecindario. Quienes antes se disputaban sus servicios empiezan a esquivarlo, y los Boggs van quedando aislados.
La escultura de hielo navideña y el giro de la relación
Con la Navidad cerca, los Boggs siguen dejando que Edward viva en su casa. Kim ya no le tiene miedo y poco a poco entiende su bondad. Edward esculpe en el patio un ángel de hielo, y las virutas que salen despedidas caen como si fuera nieve; Kim se pone a bailar en medio de ellas.



Jim aparece de repente y llama a Edward a gritos; sobresaltado, Edward le hace sin querer un corte en la mano a Kim. Jim se apura a presentar el accidente como una agresión deliberada, y Kim rompe con él por sus celos y sus provocaciones constantes. Edward huye de la casa de los Boggs y, en medio del desconcierto, destroza parte de las figuras que él mismo había podado, con lo que los vecinos se convencen todavía más de que es una amenaza.
El malentendido que desata la persecución final
Peg y Bill salen a buscar a Edward y Kim se queda en la casa esperando a que vuelva. Cuando Edward aparece, lo primero que hace es asegurarse de que ella está bien; Kim le acomoda ella misma las manos de tijera para que los dos puedan abrazarse. Mientras tanto, Jim, borracho, le pide a su amigo que lo lleve en el auto hasta la casa de Kim, y en el camino el vehículo casi atropella a Kevin, que venía saliendo de la casa de un vecino.
Edward corre y empuja a Kevin fuera del camino, pero al salvar al niño lo hiere con las tijeras. Los vecinos que llegan solo alcanzan a ver a Edward inclinado junto a Kevin, que llora a gritos, y creen que está atacando al chico. Jim aprovecha para golpearlo; Edward responde y le hace un corte en el brazo, y entonces Kim le dice que huya. La multitud y la policía lo persiguen después hasta el castillo de la cima.


El final
Kim llega primero al castillo y encuentra a Edward. Jim aparece detrás con un arma, le dispara y luego lo golpea con un atizador de hierro de la chimenea. Al principio Edward no responde; pero cuando Jim derriba a Kim, que intenta detenerlo, Edward le clava las tijeras en el vientre y lo empuja por una ventana alta. Jim muere al caer, y los vecinos que venían persiguiéndolo ya se han juntado afuera del castillo.


Kim le confiesa a Edward lo que siente y se despide de él. Baja de nuevo y les miente a los vecinos: les dice que Edward y Jim se mataron el uno al otro y que el techo se les vino encima, y les muestra como prueba un par de manos de tijera de repuesto que estaban expuestas en el castillo. La multitud le cree, se va del castillo y Edward puede seguir viviendo solo.
Muchos años después, Kim, ya anciana, termina de contarle a su nieta esa historia del pasado. Nunca volvió a ver a Edward, porque quería que él la recordara tal como era de joven. Kim no puede saber si Edward sigue vivo, pero al pie de la colina empezó a nevar desde que él apareció; en el castillo, Edward continúa esculpiendo figuras de hielo relacionadas con ella, y las virutas que salen volando caen sobre el vecindario llevadas por el viento.
